La presión de los objetivos; las formas con las que se transmite esa urgencia por conseguir más y más desde las direcciones de área, que no son siempre las más adecuadas; la inestabilidad de los sistemas informáticos y la falta de formación suficiente; y la cantidad de productos y servicios a comercializar y la velocidad de cambio de sus condiciones, unidos a las largas jornadas a las que nos vemos sometidos los profesionales del banco, están generando unas cargas de frustración y estrés que a no pocos compañeros les avoca a la depresión, cuando no al absentismo psicológico y a las ganas de abandonar los cargos de responsabilidad.